O como despierta la mítica ave de sus propias cenizas.
Como en una alquimia sagrada, se diluye lo imperfecto y se purifica el alma.
Se vacía todo y solo queda la nada, que a la vez lo llena todo como una ambivalente danza.
Pero es en el silencio que parece eterno y a veces ajeno,
que llega el primer rayo de la mañana o surge el Fénix de sus propias llamas.
Sí, la rueda gira, el tiempo corre, la vida pasa. Eso no cambia.
Pero el sol decide intercambiase con la luna y el ave se funde en su propio fuego sagrado, porque entienden que es la única forma de brillar con más fuerza y cantar con más belleza en su siguiente ciclo vital.
Plomo en oro, oscuridad en luz, fuego en alas. Alquimia, sol, Fénix.
Todos representan la naturaleza sagrada del cambio, de la transmutación y el renacer.
Así que cuando me veas salir de la escena, sólo recuerda que estoy afinando mi luz y recuperando mis alas.
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